Barrio, sentimiento y tradición

Si alguien me preguntara ¿a que huele un vestuario? Le diría que huele a sonrisas, a lágrimas; a sacrificio, a esperanzas, a sueños, a dolor. Le diría que, ¡¡Huele a Vida!!

martes, 12 de abril de 2016

Entrenamos en un tuit

"La paciencia es un árbol de raíces amargas, pero de frutos muy dulces"
"Rápido", "de prisa", "inmediato", "ahora"... son expresiones cotidianas en los tiempos que corren. La impaciencia es, quizás, la característica más significativa que define nuestro día a día. Todo se basa en "aquí y ahora"; ya no hacemos planes a medio plazo y mucho menos a largo plazo. Y, por supuesto, esto también ocurre en la formación de nuestras jugadoras más jóvenes.
 
Hoy, en las sesiones de entrenamiento, todo es impaciencia, todo superficial.  Bien se podría decir “Entrenamos en un tuit” por nuestra capacidad de querer condesar todo en una sola sesión, todo en un solo ejercicio.
 
Queremos enseñar tan deprisa que incluso tenemos la tendencia, algo absurda, de creer que cuanto más complejos e indescifrables  sean los ejercicios mas rápido se aprenderán los conceptos del juego. Queremos enseñar música sin saber leer las partituras. Les ponemos el Quijote en las manos antes de enseñar a leer. “Rápido”, “de prisa”, “inmediato”, “ahora”, que cada fin de semana nos piden resultados.
 
La impaciencia en la formación de las mas jóvenes solo puede generar desencanto, frustración, agresividad, depresión. Necesitamos una formación que deje de lado lo inmediato. Formar jugadoras significa dotar de las herramientas (técnica, táctica, físico, psicológico, destrezas, habilidades) necesarias para poder afrontar su progresión como jugadoras, para saber adaptarse a situaciones cambiantes, y eso es un proceso de largo recorrido.
 
Fdo. H.Posse

domingo, 27 de marzo de 2016

RADICAL E INTRANSIGENTE. No más mentiras piadosas

No más mentiras piadosas
La gran mayoría de los clubes femeninos no tenemos ni queremos tener tiempo para reflexionar y cuestionarnos nuestra función y nuestro funcionamiento. Lo único que nos interesa es ganar. El objetivo vital es ganar, un comportamiento totalmente legítimo y comprensible.  Todo  lo  demás nos trae sin cuidado.
 
Somos competitivos, ambiciosos y codiciosos. Y lo somos porque creemos que ésta es la mejor manera de sobrevivir. Estamos tan obsesionadas con el corto plazo, que nos convencemos a nosotros mismos de que no podemos permitirnos el lujo de preguntamos para qué sirve lo que hacemos. Ni siquiera pensamos sobre cuál es el impacto real que tiene sobre nuestra sociedad más cercana.
¿Para qué queremos que sirva lo que hacemos? ¿Cuál es nuestra razón de ser?
Somos como somos y perdemos de vista lo fundamental, lo que realmente importa: existimos, jugamos y competimos para lograr “LA IGUALDAD REAL”. Y por igualdad no me refiero a conceptos etéreos que poner en un díptico o enmarcar en una pared.
“LA IGUALDAD REAL” debe ser la brújula interior que nos permita tomar decisiones alineadas con nuestra conciencia como clubes. Sólo por medio de este "autoconocimiento" podemos descubrir nuestro verdadero propósito.
La paradoja es que a pesar de nuestros esfuerzos por sobrevivir, funcionamos de tal modo que estamos condenados a desaparecer. La ignorancia de no saber nuestra razón de ser y la inconsciencia de no querer saberlo nos lleva a huir de lo único que puede salvarnos: LA LUCHA POR LA IGUALDAD REAL.
Los clubes femeninos debemos ser RADICALES E INTRANSIGENTES con  todo aquello que se refiere a nuestra esencia. Los árboles no pueden renunciar a sus raíces, al canal por el que reciben el alimento para crecer. Nosotros, los clubes femeninos no podemos renunciar a nuestra razón de ser, conseguir de manera innegociable LA IGUALDAD REAL.
 
Fdo. H. Posse