Barrio, sentimiento y tradición

Si alguien me preguntara ¿a que huele un vestuario? Le diría que huele a sonrisas, a lágrimas; a sacrificio, a esperanzas, a sueños, a dolor. Le diría que, ¡¡Huele a Vida!!

jueves, 16 de octubre de 2014

El burro de Shrek. Una desfachatez maravillosa


Una desfachatez Maravillosa

Como escribe Eduardo Sacheri en un artículo: “todos tenemos películas que por algún motivo pasan a ser parte de nosotros. Esas a las que uno vuelve en distintos momentos, una imagen, una frase, un diálogo. Esas películas que forman parte ya de nuestra vida

He de reconocer que una de esas películas que forman parte de mi vida es Shrek. Una película con personajes increíbles, que me emocionan. Con una historia que nos cuenta como hace mucho tiempo, en una lejanísima ciénaga, vivía un feroz ogro llamado Shrek. Donde un día, su soledad se ve interrumpida por una invasión de sorprendentes personajes. Para salvar su territorio, Shrek hace un pacto con Farquaad y emprende viaje para conseguir que la bella princesa Fiona acceda a ser la novia del Lord. En tan importante misión le acompaña un divertido burro, “Asno”,  dispuesto a hacer cualquier cosa por Shrek: todo, menos guardar silencio. Un personaje que nos deja infinidad de frases e imágenes. Y sobre una de esas frases quiero escribiros hoy. “El fin justifica los MIEDOS

Esta frase, encierra a mi juicio una profunda y triste realidad. Y, como me pasa tan a menudo, es el ámbito del deporte y mas concretamente en el deporte de base donde mejor puedo analizarla. Porque es en la base, donde mas contradicciones encontramos a la hora de enseñar.

Vosotros sabéis que cuando le tenemos miedo a algo corremos, no jugamos, y esa negación al juego en sí es donde el niño “pierde” aunque en el partido del sábado “gane”. Como digo,  es en el deporte de formación donde más contradicciones encontramos.

Miedo y juego son dos estaciones que se encuentran demasiado lejos una de la otra, y en la niñez, el miedo produce sensaciones que nada tienen que ver con la alegría, la diversión, la espontaneidad y mucho menos la creación.

¿Me gustaría que alguien me pudiera explicar cómo un niño puede aprender desde la amenaza, desde el castigo, desde la sanción, desde la solemnidad, desde esa seriedad propia de los adultos con título de entrenadores, en muchos casos más por ocasión que por vocación?

El temor a perder de los entrenadores y de los padres se traslada a los niños-jugadores, los verdaderos protagonistas, y bien se sabe que nadie progresa como debería desde el miedo.


La formación y el aprendizaje no necesitan del miedo, del castigo o de la amenaza. Pero como siempre digo, que esta es mi manera de ver las cosas.

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