Una desfachatez Maravillosa
Como escribe Eduardo Sacheri en un artículo: “todos tenemos películas que por algún motivo
pasan a ser parte de nosotros. Esas a las que uno vuelve en distintos momentos,
una imagen, una frase, un diálogo. Esas películas que forman parte ya de
nuestra vida”
He de reconocer que una de esas
películas que forman parte de mi vida es Shrek.
Una película con personajes increíbles, que me emocionan. Con una historia que
nos cuenta como hace mucho tiempo, en una lejanísima ciénaga, vivía un feroz
ogro llamado Shrek. Donde un día, su soledad se ve interrumpida por una
invasión de sorprendentes personajes. Para salvar su territorio, Shrek hace un
pacto con Farquaad y emprende viaje para conseguir que la bella princesa Fiona
acceda a ser la novia del Lord. En tan importante misión le acompaña un
divertido burro, “Asno”, dispuesto a hacer cualquier cosa por Shrek:
todo, menos guardar silencio. Un personaje que nos deja infinidad de frases e imágenes. Y sobre una de esas frases quiero
escribiros hoy. “El fin justifica los MIEDOS”
Esta frase, encierra a mi
juicio una profunda y triste realidad. Y, como me pasa tan a menudo, es el ámbito
del deporte y mas concretamente en el deporte de base donde mejor puedo
analizarla. Porque es en la base, donde
mas contradicciones encontramos a la hora de enseñar.
Vosotros sabéis que cuando
le tenemos miedo a algo corremos, no jugamos, y esa negación al juego en sí es
donde el niño “pierde” aunque en el
partido del sábado “gane”. Como digo,
es en el deporte de formación donde más
contradicciones encontramos.
Miedo
y juego son dos estaciones que se encuentran demasiado lejos una
de la otra, y en la niñez, el miedo produce sensaciones que nada tienen que ver
con la alegría, la diversión, la espontaneidad y mucho menos la creación.
¿Me gustaría que alguien me
pudiera explicar cómo un niño puede aprender desde la amenaza, desde el
castigo, desde la sanción, desde la solemnidad, desde esa seriedad propia de
los adultos con título de entrenadores,
en muchos casos más por ocasión que por vocación?
El temor a perder de los entrenadores
y de los padres se traslada a los niños-jugadores,
los verdaderos protagonistas, y bien se sabe que nadie progresa como debería desde
el miedo.
La formación y el
aprendizaje no necesitan del miedo, del castigo o de la amenaza. Pero como
siempre digo, que esta es mi manera de ver las cosas.

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