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| Esclavos del perfeccionismo |
A
veces, resolver un problema solo quiere decir comprenderlo y aprender a
vivir con ello de manera creativa, positiva o constructiva.
Uno
de los problemas para mí más importantes dentro de un club, o de un equipo es la
búsqueda de la perfección. O mejor dicho, el perfeccionismo.
Curiosamente
el perfeccionismo esta muy bien considerado por todos. En el ámbito deportivo,
por ejemplo, ser un dirigente, ser una jugadora o un entrenador perfeccionista está
muy bien visto. Incluso se suele destacar este rasgo de personalidad como principal
virtud.
Cuando
la perfección es la principal meta de un club, de un equipo, o de una jugadora,
debe asumir que va a tener que pagar un precio demasiado alto. Tensión,
nerviosos, angustia, miedo a fallar, a cometer
errores, etc.
Con
frecuencia oigo como se disfraza el afán de perfección, bajo el lema de: "Me gusta hacer las cosas bien" o
"Sólo dedicándole toda nuestra
atención a lo que hacemos, podemos lograr y mantener el éxito".
Aparentemente
estas frases parecen lógicas y verdaderas. Pero existe una gran diferencia
entre querer hacer las cosas lo mejor posible, mejorarlas cuando se
puede y tener que hacerlas perfectas.
No
me gustan los clubes perfectos, ni los equipos perfectos, ni las jugadoras o entrenadores
perfectos. El perfeccionismo hace sufrir y "perder" muchos aspectos
con los que disfrutar el día a día con tu equipo, con tu club y con tus
compañeros.
Más
que buscar la perfección en un club, pienso en un club, unas jugadoras y unos
técnicos maduros: que evalúen antes de actuar, que entiendan antes de juzgar.
Y sobre todo que dejen de lado la visión trágica y manipuladora de no ser perfectos.
Aceptar
que como club, como equipo y como personas tenemos talentos y debilidades. Aprender a no ser esclavos del perfeccionismo.
Entender que en el juego como en la vida, una de las posibilidades es perder, fracasar y no ser los mejores, y que no existe ninguna tragedia en ello.
Entender que en el juego como en la vida, una de las posibilidades es perder, fracasar y no ser los mejores, y que no existe ninguna tragedia en ello.
A veces, en lo más alto del “éxito” te puedes sentir muy solo.

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