![]() |
| ¡Que la fuerza te acompañe! |
Hay
jugadoras y jugadoras, claro. Las hay que te ganan desde el primer día.
Atentas, trabajadoras, capaces y responsables, que muestran un increíble
interés por todo lo que dices. Llegan puntuales a los entrenamientos. Siempre
bien uniformadas a la hora de entrenar o viajar. Respetan a sus compañeras y
siempre están dispuestas a ayudar. Son prudentes, educadas y, por supuesto, el
móvil lo apagan en las comidas y en las charlas de vestuario. En fin, un lujazo.
Luego
están las otras, el lado oscuro.
Las
otras te sacan de quicio. Incordian, hablan e interrumpen constantemente. Se
pasan el entrenamiento despistadas, en su mundo. En las charlas, viajes y
comidas viven enganchados a sus teléfonos móviles y, por supuesto, viven
instaladas en la queja perpetua del "¿y esto para qué sirve?". En fin, un drama.
Trabajar
con las primeras es una bendición, hacerlo con las segundas puede convertirse
en un infierno. Todos hemos tenido una o varias jugadoras, cuando no grupos,
que nos han superado y dificultado enormemente nuestra labor.
Aceptemos
el reto, pues, y adentrémonos en el lado oscuro. Las "otras" nos
ponen a prueba, el contacto con ellas puede mejorar nuestra labor como
entrenadores. De hecho, quizá nuestra verdadera medida como entrenadores se
corresponda con la capacidad que tengamos para comprender y empatizar con ese
tipo de jugadoras. Adaptarnos a perfiles diversos y evitar la uniformidad, la rigidez, el prejuicio y la etiqueta deben ser, entre otros, objetivos
fundamentales para realizar este acercamiento al que, por otra parte, estamos
obligados como entrenadores.
Además, después de todo,
“el lado oscuro” tiene su punto, ¿o no?
¡Que la fuerza te acompañe!

No hay comentarios:
Publicar un comentario