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| Disfrutar del Juego |
Hoy
quiero escribir sobre las niñas que empiezan a jugar y de una manera especial a
aquellas que herimos emocionalmente.
Cuando
hablamos de las niñas que empiezan a jugar, pensamos que son felices por el
sólo hecho de jugar, y considero que así debería de ser, pero para muchas niñas,
yo me pregunto ¿es realmente así? Desde mi experiencia personal descubro que
existen niñas que sufren, y al preguntarme ¿por qué? la respuesta es diversa,
pueden ser varias causas o factores.
Me gustaría hacer hincapié o apuntar a la
responsabilidad que tenemos nosotros los entrenadores-educadores y responsables
de los clubes para acercarnos a ellas y cuidar mejor su felicidad y su entorno.
Para
que una niña pueda formarse deportiva y personalmente de manera adecuada hemos
de crear el entorno adecuado, debe recibir afecto, reconocimiento a su persona.
Cada vez que una niña recibe un trato inadecuado, agresivo, hostil, cada vez
que una niña experimenta el desinterés o la soledad dentro del grupo, se van
produciendo en ella heridas interiores.
Cuando
hablamos de heridas es fácil ver las heridas físicas, sin embargo las heridas y
cicatrices emocionales no son tan fáciles de detectar, pero cuando se detectan
hay que hacer lo posible por sanarlas.
Desde
aquí pido para estas niñas que nos encontramos en nuestros equipos,
entrenadores y dirigentes que les escuchen, que les acompañen, que les enseñen
a disfrutar del deporte, sintiéndose protegidas, favoreciendo su autoestima, ayudándolas a crecer y enseñándoles a convertir en palabras los sentimientos.
También me gustaría
rendir un homenaje a esos entrenadores-formadores-educadores y dirigentes que
con paciencia infinita saben estar cercanos a estas chicas, que saben "dedicar
todo el tiempo necesario" aprendiendo con ellas, formadores-entrenadores-dirigentes
a los que apenas nadie valora, (no ganan títulos), pero que son grandes porque
saben respetar, cuidar y hacer felices a sus niñas.

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