| Viñeta de Forges |
Apenas hace un mes descubrí, gracias a mi amigo Luis, los postcast de El Radio de Richard Dees, donde analiza los programas deportivos y como él dice a los “ciudadanos-periodistas” que participan en dichos programas.
He de reconocer que me siento identificado con su postura y sus tesis fundamentales. Los tertulianos de esos programas pueden hablar, decir y opinar de todo y se quedan tan anchos y tan campantes aun sabiendo que nos están mintiendo.
Cada vez son mas las tertulias deportivas, tanto
en radio como en televisión donde no se produce ningún tipo de
debate interesante. Lo que hay, más bien, es una exposición de opiniones (gritos), increíblemente
superficiales, como no podría ser menos por parte de tertulianos que hablan de
todo y no contrastan ninguna información, pero que, además, tienen que defender, por sistema
una opinión. En este sentido las tertulias son una farsa y una apariencia. Me
atrevería a decir que son un insulto a nuestra inteligencia.
Uno
de los grandes males que producen estos programas, es que no están concebidos
para informar, sino como mero entretenimiento. Son como programas del corazón,
pero en el ámbito del deporte. Cada uno asume su papel, porque cada uno tiene
su dueño.
Lo
que debemos aprender es que las tertulias actuales pretenden fundamentalmente crear opinión; es decir, producir una visión de
los clubes o de jugadores interesada; la que corresponda a sus intereses o al amo que les
paga.
Es
verdad que vivimos en la sociedad del espectáculo y del consumo. El saber y las
opiniones han pasado también a ser objeto del consumo. Esto no es más que una
farsa que garantiza el espectáculo y del que nada se aprende salvo, malas
formas y modales.
Los
tertulianos hablan de todo y pretenden sentar cátedra, tienen cuatro frases hechas y unos cuantos prejuicios que van despachando por
doquier cual sabiduría ancestral. Una auténtica basura. Desde aquí arremeto
contra ellos y contra el tremendo mal que están haciendo a los aficionados de
nuestro país.
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