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| Todo mal. Hemos perdido. Tenemos que hablar |
Antes
de nada me gustaría hacer una advertencia importante, más bien, muy importante.
Sólo me refiero al trabajo con las categorías
menores, en la base, en la formación.
Bueno
pues al lío. Mantra
para los responsables de formar jugadoras:
“El problema no está nunca en la derrotas”
A menudo, por desgracia, los
resultados del fin de semana, son el único medio de comunicación entre entrenadores,
padres y niñas. Y esta acostumbra a ser una comunicación telegráfica, e
insustancial. Es como si cada fin de semana el entrenador enviara un WhatsApp
diciendo: “Todo bien, no hay porque
preocuparse. Hemos ganado”. Al recibirlo, los padres y las niñas se afanan
en contestar: “OK(emoticono sonriente)".
Claro
que en ocasiones cambia un poco el mensaje enviado por el entrenador “Todo mal. Hemos
perdido. Tenemos que hablar”. La respuesta por parte de los padres y las
jugadoras no se hace esperar: “OK (emoticono furioso)”.
Aparecen
las derrotas y se encienden las sirenas. Desgraciadamente todos buscan
culpables más que soluciones. Utilizar
los resultados del fin de semana como único indicador del progreso de las jugadoras
es algo extremadamente peligroso. Porque este es un indicador que avisa tarde y
mal. Y lo que es más peligroso es que trasladamos a nuestras jugadoras la misma
convicción: “Mientras se gane, todo está bien”. Lo importante es el resultado
final, no el aprendizaje. La consecuencia más calamitosa de este planteamiento
es que sacrificamos el "deseo" de aprender
a jugar y a ganar por la "necesidad" de ganar.
Muchos de los problemas que
presentan las jugadoras cuando llegan a la élite se ven venir desde lejos. Ni para bien, ni para mal, ninguna
jugadora aprende de repente, de hoy para mañana. Pero esas pequeñas deficiencias, (técnicas, tácticas, físicas, psicológicas, emocionales), esa multitud de
síntomas, poco parecen importar mientras no se reflejen en los resultados de
los sábados. Mientras se ganen partidos y el historial del club y del entrenador sigan inmaculado, mientras sigamos ganando, todo está bien. Padres, entrenadores
y clubes nos hacemos los distraídos, miramos hacia otro lado, confiados en que
la llegada a la élite hará que la jugadora muestre todo lo que no se le enseñó.

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