Los
seleccionadores, los entrenadores las prefieren calladitas y obedientes.
Es
una verdad a gritos: los entrenadores, los seleccionadores prefieren a las
jugadoras “tranquilitas y obedientes”.
Así
los equipos, la selección que se rasgan las vestiduras con el discurso de la
calidad terminan ponderando más la sumisión y mansedumbre que las capacidades
inherentes al aprendizaje y al juego.
El
aprendizaje y el crecimiento tanto a nivel individual como colectivo, se
construye en un proceso de interacción.
¿Cómo
podremos entonces buscar el aprendizaje con jugadoras que no pueden opinar?
¿Cómo aprender sin hablar, intercambiar, preguntar, o disentir? ¿Cómo afrontar
un problema táctico sin hablar?
El
triunfo del entrenador, del seleccionador se visualiza cuando se consigue formar
jugadores/as dóciles. Si además esos jugadores son capaces de soportar algunos
retos y humillaciones públicas sin contestar, el logro se hace mayor.
Los
entrenadores, los seleccionadores deberían debería promover e incentivar la
expresión y el carácter, la personalidad y la rebeldía. Sin embargo sucede
justamente lo contrario: se venera el silencio, la sumisión, la quietud, la
docilidad.
Claro que tan solo es mi
opinión.

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