Barrio, sentimiento y tradición

Si alguien me preguntara ¿a que huele un vestuario? Le diría que huele a sonrisas, a lágrimas; a sacrificio, a esperanzas, a sueños, a dolor. Le diría que, ¡¡Huele a Vida!!

jueves, 11 de junio de 2015

La obsesión enfermiza por la disciplina


 
Los seleccionadores, los entrenadores las prefieren calladitas y obedientes.
Es una verdad a gritos: los entrenadores, los seleccionadores prefieren a las jugadoras “tranquilitas y obedientes”.
Así los equipos, la selección que se rasgan las vestiduras con el discurso de la calidad terminan ponderando más la sumisión y mansedumbre que las capacidades inherentes al aprendizaje y al juego.
El aprendizaje y el crecimiento tanto a nivel individual como colectivo, se construye en un proceso de interacción.
¿Cómo podremos entonces buscar el aprendizaje con jugadoras que no pueden opinar? ¿Cómo aprender sin hablar, intercambiar, preguntar, o disentir? ¿Cómo afrontar un problema táctico sin hablar? 
El triunfo del entrenador, del seleccionador se visualiza cuando se consigue formar jugadores/as dóciles. Si además esos jugadores son capaces de soportar algunos retos y humillaciones públicas sin contestar, el logro se hace mayor.
Los entrenadores, los seleccionadores deberían debería promover e incentivar la expresión y el carácter, la personalidad y la rebeldía. Sin embargo sucede justamente lo contrario: se venera el silencio, la sumisión, la quietud, la docilidad.
Claro que tan solo es mi opinión.

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