Barrio, sentimiento y tradición

Si alguien me preguntara ¿a que huele un vestuario? Le diría que huele a sonrisas, a lágrimas; a sacrificio, a esperanzas, a sueños, a dolor. Le diría que, ¡¡Huele a Vida!!

martes, 27 de enero de 2015

El síndrome del jugador/a invisible

¡Sentirse valioso!, ¡sentirse querido!

Hay un conocido principio pedagógico que dice que: “Las expectativas que tiene un docente sobre sus alumnos casi siempre se acaban cumpliendo”.

Ayer, alrededor de las siete de la tarde tuve dos reuniones, una reunión con los técnicos del club para tratar distintas cuestiones tanto deportivas como metodológicas. Y después con las jugadoras infantiles y cadetes del club.

No sé si debido a las dos reuniones de ayer, o por azar divino del destino, esta mañana me ha venido a la cabeza la idea de escribir algo sobre “el síndrome del niño invisible” pero llevándolo lógicamente al ámbito deportivo y mas en concreto al ámbito en la formación de jóvenes jugadores/as.



El síndrome del jugador/a invisible
El “Síndrome del jugador/a invisible” consiste en una conducta en la que el inconsciente del jugador percibe  que su entrenador no lo mira, no se preocupa, que a su entrenador no le importa y que ya pueda hacerlo bien o mal su técnico seguirá sin percatarse de su existencia.

Los jugadores con este síndrome son aquellos que quedan excluidos de la realidad del equipo, ya sea por su conducta, su comportamiento o su calidad, es decir, aquellos jugadores que, voluntaria o involuntariamente, quedan al margen de las expectativas deportivas de su entrenador. Son jugadores que están presentes pero que se hacen invisibles.

El jugador siente que está dentro del equipo, pero no es tomado en cuenta por su entrenador/formador. El jugador  con síndrome de jugador invisible se siente solo y abandonado, se vuelve inseguro, desconfiado, tiende a aislarse poco a poco y a desear pasar inadvertido. 

Es tarea del entrenador/formador conseguir que ningún jugador se sienta así dentro de su equipo. Debe dedicarle mucha más atención,  hacerlo sentirse valioso y sobre todo querido.

Lo queramos o no, lo pretendamos o no, un equipo también es un lugar de transmisión de valores. Por eso debemos tener presentes a todos los jugadores, especialmente a aquellos que tienen más dificultades.

Feliz Reflexión.

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