-Tú mueves, chaval. Es
la frase final de la escena de la película El indomable Will Hunting.
Todos
llevamos una máscara por la vida. Dentro de un equipo no podía ser diferente. Detrás
de la jugadora prepotente y de la listilla, de la tímida, de la agonías, de la gris
que se parapeta entre el grupo, hay una armadura que protege del verdadero yo
de cada uno.
Tenemos
miedo a desvelar los verdaderos sentimientos, los verdaderos objetivos en la
vida, nuestras pasiones y nuestros talones de Aquiles. Yo también llevo mi
máscara, no soy un ser aséptico ni inocuo, cuando interacciono con los jugadoras
me protejo, en el fondo tengo su mismo miedo, el que descubran verdaderamente
quién soy.
Los
puristas me dirán que eso es la intimidad y que me ciña a lo establecido y a
lo deportivo. Yo que tengo poco de purista (aunque cumplo lo establecido muy a
mi manera) les respondo que dentro de un equipo las máscaras siempre estorban.
-Yo no aprendo nada de
alguien que no me fío.
-¿Y tú?

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