Barrio, sentimiento y tradición

Si alguien me preguntara ¿a que huele un vestuario? Le diría que huele a sonrisas, a lágrimas; a sacrificio, a esperanzas, a sueños, a dolor. Le diría que, ¡¡Huele a Vida!!

jueves, 4 de diciembre de 2014

Jugador@s bajo el síndrome de “Peter Pan”


Es tan cómodo ser menor de edad
No quiero ir al colegio y aprender cosas serias. Nadie me atrapará, señora mía, y hará de mí un hombre. Quiero ser siempre un niño y divertirme”. James M. Barrie escribió estas palabras en ‘Peter Pan o el niño que no quiere crecer’

Al alcanzar una determinada edad cronológica una persona adquiere la mayoría de edad. Llegada a esta edad se le supone cierta madurez, tanto física como intelectual, y se le presume capacidad de obrar haciéndose responsable de sus actos. Con la mayoría de edad se adquieren automáticamente ciertos derechos y también, ver letra pequeña del contrato, ciertas obligaciones.

Según el filósofo alemán Immanuel Kant, la mayoría de edad no se adquiere al cumplir una determinada edad cronológica, sino que supone una decisión. La persona libremente elige ser mayor de edad. Y puesto que se trata de una elección, hay quien decide serlo y hay quien opta por no serlo.  También escribe Kant: “la pereza y la cobardía son las causas de porque tantas personas permanecen de por vida comportándose como menores de edad

¡Es tan cómodo ser menor de edad! Es por ello que cada día tenemos mas jugador@s Peter Pan, irresponsables, rebeldes, arrogantes, narcisistas,…

Jugador@s Peter Pan
Cuando los jugador@s tiene miedo a asumir compromisos y responsabilidades, echan la culpa a los demás de sus fracasos, rechazan el esfuerzo, tiene poca resistencia a la frustración y se centra en la búsqueda obsesiva del placer individual, entonces se puede decir —por lo general— que están sufriendo el síndrome de Peter Pan.

Cada jugador-a es responsable de su minoría de edad. Responsable de sus elecciones o de la falta de ellas. Responsable de su pereza. Responsable de su cobardía. 
Puesto que no hay más alto precio que aquel que se paga atrasado, ya que se tendrá que abonar con intereses.

Es fácil confundir el valor con la temeridad, es fácil disfrazar la cobardía de rebeldía, es fácil esconder la pereza entre las sábanas de la comodidad, pero el verdadero valor, el auténtico peaje que hay que pagar en el tránsito a la madurez, se encuentra en el hecho de asumir la libertad de uso de la propia razón. Yo soy yo y mis decisiones, aunque me pese.

CONTINUARA...

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