Barrio, sentimiento y tradición

Si alguien me preguntara ¿a que huele un vestuario? Le diría que huele a sonrisas, a lágrimas; a sacrificio, a esperanzas, a sueños, a dolor. Le diría que, ¡¡Huele a Vida!!

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Las escogemos, las decimos y las revestimos de intención…

Hay palabras que hieren y otras que curan
Siempre ando enfrascado buscando establecer la mejor relación posible entre el poder de la palabra y los entrenamientos. A veces pienso que incluso abuso de este recurso y que, no pocas veces, se ha convertido en la excusa perfecta para aquellos que quieren criticar mi labor como entrenador.


Cuando nos dirigimos a nuestras jugadoras, sabemos que somos dueños de nuestras palabras, las poseemos, las escogemos, las decimos y las revestimos de intención…Olvidando que son nuestras tan solo durante un instante, mientras la buscamos, mientras la escogemos porque, al pronunciarlas, ocurre algo tan extraño como paradójico puesto que no solo dejamos de ser dueños, sino que pasamos a convertirnos en esclavos de la palabra dada. Una vez arrojada la piedra, la mano no la puede detener.

Por desgracia, demasiadas veces menospreciamos el poder de las palabras. Las pronunciamos, las callamos, las compartimos con indolencia, con indiferencia, incluso con pereza.

Así pues, ya que podemos elegir, vale la pena hacer el esfuerzo de medir bien las palabras que decimos y que nos decimos a nosotros mismos. Porque no es lo mismo perdonar que olvidar, porque el arrepentimiento nunca repara por completo el daño ocasionado.

Con todo, siempre estamos a tiempo de elegir nuestro discurso interior y exterior, de tomar las riendas de nuestros pensamientos, de  empezar a hablarnos y hablar con el respeto y el cariño que nos merecemos y que se merecen nuestras jugadoras.

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