Barrio, sentimiento y tradición

Si alguien me preguntara ¿a que huele un vestuario? Le diría que huele a sonrisas, a lágrimas; a sacrificio, a esperanzas, a sueños, a dolor. Le diría que, ¡¡Huele a Vida!!

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Pon un Top Chef en tu equipo

Top Chef
Los programas de cocina se han adueñado de la programación de televisión, por tanto que mejor que aprender a elaborar los menús de entrenamiento con los mejores chef de cocina del mundo.

Igual que la comida, los entrenamientos deben ser sanos y sabrosos a la vez, es decir, deben satisfacer las necesidades del equipo y de las jugadoras.

Para hacer un buen “menú de entrenamiento” los ingredientes son fundamentales: hay que utilizar una buena dosis de vocación, conocimiento y un buen puñado de entusiasmo. 

Para ser un buen entrenador no es necesario ser Ferran Adrià, Massimo Bottura o Katie Button. Pero sí que es conveniente tener su actitud para replantearse lo establecido y buscar nuevas maneras de hacer las cosas. Los entrenadores debemos estar siempre dispuestos a replantearnos nuestros métodos, analizarlos, evaluarlos y ver qué se puede mejorar, qué da mejores resultados y en qué situaciones lo hace.

Hay entrenadores que por convicción o por desidia deciden no complicarse la vida y darle a sus jugadores solo aquello que les gusta. Pero no podemos alimentarnos exclusivamente de patatas fritas y hamburguesas, debemos comer de todo, y de una manera equilibrada. Lo mismo sucede en nuestros equipos: no podemos  utilizar un solo recurso, ya sea Integrado, analítico, físico, táctico, técnico o cualquier otro: en la variedad de recursos reside la clave del éxito.


Una buena forma de preparar los entrenamientos puede ser plantearla como un menú:

Menú de entrenamiento
Entrante: Algo ligero, que motive y predisponga a nuestros jugadores para el aprendizaje.

Primer plato: Es el momento álgido, donde se realiza el trabajo del contenido principal.

Segundo plato: Algo más ligero pero que complemente al plato principal.

Postre: Acabar con algo dulce, sabroso, que deje buen sabor de boca y facilite la asimilación de lo trabajado.


Unos buenos entrenamientos, como una alimentación sana, hacen que nos desarrollemos adecuadamente. Igual que sucede cuando uno se alimenta exclusivamente de fast food, estoy convencido que las horas que se dedican al entrenamiento con el único objetivo de engullir, es decir, de entrenar sin asimilar ni dar tiempo a digerir esfuerzos y conceptos (eso que algunos confunden erróneamente con reventar  al jugador entre semana), es tiempo perdido. 

A ver si me explico..., igual que sucede con nuestro sistema digestivo, cuando entrenamos también defecamos todo aquello que no somos capaces de asimilar correctamente. Nuestro cuerpo, esa máquina maravillosa, tiene la capacidad de conservar todo aquello que asimila y de repeler todo aquello que no le aporta nada. Lo jodido es que nuestro cuerpo lo defeca en forma de lesiones. 
Cuando lo que engulle nuestro cuerpo es mucho más de lo que puede asimilar, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que los entrenamientos que estamos proporcionando a ese jugador son una verdadera “mierda”

Cuidemos los entrenamientos de nuestros jugadores, de nuestros equipos. Ofrezcamos una dieta digerible, que les permita crecer como deportistas, que les permita mejorar siempre en cualquier lugar, tiempo o contexto... y, si es posible, disfrutar con ello. 

En los entrenamientos, como en la comida, lo importante no es engullir mucho sino asimilar lo que comemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario